Concentrarse no significa simplemente estar quieto. La atención, la memoria, el autocontrol y la capacidad para seguir una tarea se desarrollan poco a poco durante la infancia. Y el juego puede convertirse en uno de los mejores escenarios para practicarlas.
Que un niño se distraiga no significa que tenga un problema de atención
Están haciendo un puzle y, de repente, aparece un coche por la ventana. Se levantan. Vuelven. Preguntan otra cosa. Empiezan un dibujo y a mitad quieren construir una torre.
Para un adulto puede parecer falta de concentración. Pero durante la infancia la capacidad para mantener la atención, controlar impulsos, recordar instrucciones o ignorar estímulos irrelevantes todavía está desarrollándose.
Además, la atención no funciona igual en todas las situaciones. Un niño puede abandonar rápidamente una actividad que le resulta demasiado difícil y, sin embargo, pasar mucho más tiempo construyendo, dibujando o inventando una historia que realmente le interesa.
Por eso el objetivo no debería ser conseguir que un niño “aguante sentado más tiempo”, sino ofrecerle oportunidades adecuadas para practicar cómo dirigir, mantener y recuperar su atención.
Cuando hablamos de concentración, en realidad estamos hablando de varias habilidades
La atención no funciona como un único interruptor que está encendido o apagado. Para completar muchas actividades cotidianas, los niños necesitan coordinar distintas capacidades.
Atención selectiva
Permite centrarse en lo importante mientras ignoramos estímulos que compiten por nuestra atención.
Ejemplo: encontrar una pieza concreta entre muchas.Atención sostenida
Es la capacidad de mantener el foco durante el tiempo necesario para desarrollar una actividad.
Ejemplo: terminar un puzle o escuchar un cuento.Control inhibitorio
Nos ayuda a detener una respuesta automática y pensar antes de actuar.
Ejemplo: esperar cuando en “Simón dice” no aparece la señal.Memoria de trabajo
Permite mantener temporalmente información en la cabeza mientras hacemos algo con ella.
Ejemplo: recordar tres instrucciones y realizarlas en orden.Flexibilidad cognitiva
Es la capacidad para cambiar de estrategia o adaptarse cuando cambian las reglas.
Ejemplo: clasificar primero por color y después por forma.Autorregulación
Ayuda a gestionar emociones, comportamiento e impulsos para continuar con un objetivo.
Ejemplo: perder una partida y seguir jugando.El Center on the Developing Child de la Universidad de Harvard agrupa buena parte de estas capacidades dentro de las funciones ejecutivas y la autorregulación. Son habilidades esenciales para planificar, mantener la atención, recordar información, controlar impulsos y adaptarse a los cambios.
¿Por qué el juego es un escenario tan bueno para practicar la atención?
Podemos pedir a un niño que permanezca sentado intentando completar una tarea repetitiva. O podemos plantearle un reto que le obligue a escuchar, recordar una regla, esperar su turno, cambiar de estrategia y descubrir qué ocurre después.
Desde fuera ambas situaciones pueden parecer un ejercicio de concentración. Desde el punto de vista del niño son completamente diferentes.
Genera motivación
Cuando existe curiosidad y una meta comprensible resulta más fácil mantener el interés en la actividad.
Permite repetir sin que parezca repetir
Cada partida ofrece otra oportunidad para recordar reglas, controlar impulsos y tomar decisiones.
Introduce reglas
Seguir normas, esperar y adaptarse cuando algo cambia obliga a poner en funcionamiento varias funciones ejecutivas.
Puede aumentar de dificultad
Cuando el juego se domina podemos añadir una regla nueva y volver a convertirlo en un desafío.
El objetivo no es que el niño consiga concentrarse durante muchísimo tiempo. El objetivo es que practique cómo volver a dirigir su atención hacia una meta.
Este último punto es especialmente importante. Perder momentáneamente el foco no supone que la actividad haya fracasado. Detectar que nos hemos distraído y regresar al juego también forma parte del proceso.
8 juegos para trabajar diferentes tipos de atención
No necesitamos materiales especiales. Lo interesante es elegir actividades que requieran algo más que mirar o responder automáticamente.
Cada una de estas propuestas pone el acento en habilidades distintas, aunque en la práctica varias suelen funcionar al mismo tiempo.
El semáforo… al revés
Empieza con una regla muy sencilla:
Cuando lo domine llega la parte divertida: cambiamos las reglas.
De repente ya no basta con reaccionar al color. El niño debe recordar la nueva norma y frenar la respuesta que tenía automatizada.
Siguiente nivel: añade amarillo = dar una palmada, o cambia las reglas en mitad de la partida.
Detectives por un minuto
Coloca sobre una mesa entre cinco y diez objetos cotidianos. Dejad unos segundos para observarlos.
Después el niño se gira o cierra los ojos y ocurre algo:
- Desaparece un objeto.
- Dos objetos intercambian su posición.
- Aparece un objeto nuevo.
- Uno cambia de orientación.
Tendrá que observar de nuevo y descubrir qué ha sucedido.
Estatuas con instrucciones
Pon música y deja que se muevan libremente. Cuando la música se detenga deben convertirse en estatuas.
Cuando esa versión sea fácil, añade información que tengan que escuchar y recordar.
Estamos convirtiendo un simple juego de movimiento en una actividad que exige escuchar, mantener reglas en la memoria y controlar la reacción inmediata.
Ahora cambia la regla
Busca bloques, botones grandes, tarjetas, coches o cualquier conjunto de objetos que pueda clasificarse de diferentes maneras.
Primero proponemos:
Cuando el niño lo haya entendido:
Después:
El reto no está solamente en clasificar correctamente, sino en dejar atrás la regla anterior y empezar a utilizar una nueva.
La misión secreta
Convierte una serie de instrucciones en una misión.
Ve hasta la habitación, busca algo azul, trae un calcetín y deja el objeto azul encima de la mesa.
Para completar la tarea tendrá que mantener varios pasos en la memoria mientras los va ejecutando.
Empieza con una o dos instrucciones y aumenta poco a poco. Si necesita que se la repitas, no pasa nada: el objetivo es encontrar un nivel que suponga un desafío sin convertirse en frustración.
Puzles… pero sin resolverlos por ellos
Los puzles reúnen varios ingredientes interesantes: existe un objetivo claro, hay información visual que comparar y requieren probar diferentes posibilidades.
Pero hay una forma de convertirlos en una experiencia todavía más interesante.
“Esa pieza va aquí.”
“¿Qué pista podríamos buscar para saber dónde va?”
Dejamos así que el niño observe, pruebe y corrija en vez de recibir inmediatamente la solución.
Memory y juegos de cartas sencillos
Los juegos en los que debemos recordar dónde estaba una tarjeta, esperar turno, observar lo que hacen otros jugadores o adaptar nuestra decisión pueden reunir varios desafíos cognitivos a la vez.
El clásico juego de parejas es un buen ejemplo: cada carta que se descubre aporta información que tendremos que intentar conservar para utilizarla más adelante.
Los juegos de mesa son prometedores como actividad cognitiva, pero no debemos venderlos como un “entrenamiento cerebral” garantizado. La investigación disponible encuentra algunos beneficios, aunque los resultados cambian según la capacidad estudiada y todavía hacen falta mejores ensayos.
Un circuito que también haga trabajar la cabeza
El movimiento no tiene por qué ser el enemigo de la concentración. Podemos utilizarlo como parte del juego.
Monta un pequeño circuito:
Después cambia el orden, añade una regla o pide que recuerde una palabra durante todo el recorrido.
La evidencia disponible sobre actividad física cognitivamente desafiante apunta precisamente en esta dirección: combinar movimiento con decisiones, memoria o inhibición puede resultar especialmente interesante para las funciones ejecutivas.
El mismo juego no funciona igual a todas las edades
Una de las ideas más útiles de las recomendaciones del Center on the Developing Child de Harvard es ajustar continuamente el desafío: ni tan fácil que deje de interesar, ni tan difícil que genere frustración.
Pocas reglas y mucho movimiento
Funcionan especialmente bien la imitación, las canciones con movimientos, las estatuas, buscar parejas, clasificar objetos o seguir consignas sencillas.
La clave:Una norma cada vez y sesiones breves que terminen mientras todavía existe interés.
Empiezan a disfrutar las reglas
Podemos introducir juegos de cartas, memoria, puzles, búsquedas del tesoro, secuencias de instrucciones y juegos donde las normas cambian.
La clave:Cuando dominen el juego, aumentar ligeramente la dificultad en lugar de alargarlo sin más.
Más planificación y estrategia
Acertijos, construcción por instrucciones, juegos de estrategia, retos lógicos, recetas sencillas, experimentos y actividades con varios pasos empiezan a ofrecer nuevas posibilidades.
La clave:Darles cada vez más responsabilidad para recordar y controlar ellos mismos las reglas.
Acompañar no significa solucionar
Es tentador intervenir cuando vemos que un niño se atasca. Colocamos la pieza correcta, recordamos inmediatamente la respuesta o explicamos cuál es la siguiente jugada.
Pero una pequeña dificultad manejable es precisamente lo que hace interesante muchas de estas actividades.
Pregunta antes de responder
“¿Qué podríamos probar?”, “¿qué recuerdas?” o “¿hay otra manera?” ayudan más que resolver inmediatamente.
Ajusta la dificultad
Si siempre gana o lo resuelve sin pensar, añade un reto. Si siempre fracasa, simplifica.
Ve retirando la ayuda
Cuando conozca el juego deja que recuerde las reglas, reparta las cartas o explique cómo se juega.
Normaliza volver a intentarlo
Equivocarse, perder el turno o probar una estrategia que no funciona forma parte del propio juego.
No necesitas convertirlo en “entrenamiento”
La variedad es más interesante que repetir todos los días exactamente el mismo ejercicio.
Esto no es una pauta terapéutica ni una obligación semanal. Es simplemente una forma de incorporar distintos tipos de desafío dentro del juego cotidiano.
Estar completamente absorto en una pantalla no siempre significa estar entrenando la concentración
Este punto puede resultar contraintuitivo. Un niño que apenas mantiene el interés en otras actividades puede permanecer muchísimo tiempo delante de determinados contenidos digitales.
Pero algunos entornos digitales incorporan cambios constantes, recompensas inmediatas, sonidos, animaciones y otros mecanismos específicamente diseñados para capturar y mantener la atención.
Eso no significa que toda tecnología sea negativa ni que ningún videojuego pueda plantear retos cognitivos. Sí significa que la duración frente a una pantalla no es una buena medida de la capacidad general de concentración de un niño.
Una investigación reciente sobre juegos digitales específicamente diseñados para entrenar capacidades cognitivas encuentra mejoras principalmente en aquello que se practica dentro del propio juego. La transferencia de esas mejoras hacia el rendimiento cotidiano todavía es mucho menos clara.
Por eso merece la pena conservar espacios para actividades manipulativas, movimiento, conversación, lectura, construcción y juego compartido.
5 errores habituales cuando intentamos “trabajar la concentración”
Convertir el juego en deberes
Si cada actividad termina evaluándose, corrigiéndose y convirtiéndose en obligación, podemos perder precisamente uno de los elementos que la hacía atractiva.
Confundir concentración con inmovilidad
Existen actividades que requieren muchísima atención y, al mismo tiempo, implican correr, saltar, construir o manipular.
Pedir demasiado demasiado pronto
Si una actividad exige muchas reglas nuevas simultáneamente, el reto puede convertirse simplemente en frustración.
Ayudar antes de que exista un problema
Dejar unos segundos para pensar, probar o equivocarse puede ser mucho más valioso que ofrecer inmediatamente la solución.
Buscar resultados inmediatos
Las funciones ejecutivas se desarrollan durante muchos años. No tenemos que convertir cada partida en una prueba de progreso.
¿Cuándo conviene pedir orientación profesional?
Distraerse, levantarse o perder el interés ocasionalmente forma parte de la infancia y, por sí solo, no indica que exista un trastorno.
Sí merece la pena comentarlo con el pediatra, el centro escolar o profesionales especializados cuando las dificultades de atención, impulsividad u organización son persistentes, claramente superiores a lo esperable para su desarrollo y están interfiriendo de manera significativa en diferentes contextos, por ejemplo tanto en casa como en el colegio.
Además, problemas de sueño, ansiedad, dificultades de aprendizaje, visión, audición y otras circunstancias pueden producir síntomas parecidos. Una valoración profesional permite estudiar el conjunto en lugar de quedarse únicamente con la etiqueta de “se distrae mucho”.
La concentración también se construye mientras jugamos
Cada vez que un niño recuerda dónde estaba una carta, espera antes de moverse, escucha una consigna, busca una pieza concreta, cambia una regla o intenta otra solución, hay mucho más ocurriendo que simple diversión.
Está practicando capacidades que utilizará después para escuchar una explicación, seguir varios pasos, resolver un problema, organizar una tarea o volver a intentarlo cuando algo no sale a la primera.
No necesitamos convertir la infancia en un entrenamiento. Necesitamos ofrecer buenos lugares para jugar.
Este contenido divulgativo se ha elaborado consultando, entre otras, las siguientes fuentes:
- Center on the Developing Child, Harvard University. A Guide to Executive Function.
- Center on the Developing Child, Harvard University. Enhancing and Practicing Executive Function Skills with Children from Infancy to Adolescence.
- Center on the Developing Child, Harvard University. Brain-Building Through Play: Activities for Infants, Toddlers, and Children.
- American Academy of Pediatrics. The Power of Play: A Pediatric Role in Enhancing Development in Young Children. Pediatrics.
- Mao F. et al. (2024). Effects of cognitively engaging physical activity interventions on executive function in children and adolescents: systematic review and meta-analysis.
- Estrada-Plana V. et al. (2026). Can executive functions be improved by playing board games across the lifespan? A systematic review and meta-analysis.
- Tommasi V. et al. (2026). The effectiveness of serious games for training of attention and executive functions: a systematic review.
- Asociación Española de Pediatría. Recursos sobre juego, desarrollo infantil y uso saludable de pantallas.
- Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Información clínica y divulgativa sobre dificultades de atención y diagnóstico del TDAH en la infancia.
Este artículo tiene carácter divulgativo y educativo y no sustituye la valoración de profesionales sanitarios, educativos o psicopedagógicos.
Aprender también puede empezar jugando
En nuestro blog seguimos reuniendo juegos, actividades, recursos y propuestas sencillas para acompañar cada pequeña etapa de aprendizaje.
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